4 de ago. de 2007

LOS PEORES Y MEJORES PRESIDENTES DEL PERÚ

Manuel Pardo y Lavalle.

Esta es la cuarta y última parte de la entrevista que diera el historiador Manuel Burga a la reconocida periodista Mariel Balbi. Nuevamente agradecemos al colega Ernesto Hurtado Haro, quien nos hizo llegar el texto publicado en El Comercio el 1 de agosto del 2005. Aquí Burga evade responder una pregunta clásica de los jóvenes estudiantes: ¿Quién fue el peor Presidente del Perú? Y prefiere mencionar algunos presidentes rescatables.

¿Por qué nuestra clase política es tan casquivana, con tan poco juicio...?
Porque es inculta y no conoce la historia. Muchos de los políticos no forman parte de los partidos, sino que son aprovechadores de los puestos políticos. Es una verdadera desgracia.

Algunos consideran que tenemos la peor burguesía de América Latina, la más inculta, que desprecia a gran parte del país, que desconoce sus tradiciones.
No estoy tan seguro. La burguesía peruana no ha sabido nacionalizarse, ha sido bastante extranjerizante, no ha sabido asumir este territorio como suyo y a la población como próxima y sin diferencias. Tampoco convertir el pasado, el presente y el futuro como algo común a todos los peruanos. Se ha comportado como los políticos actuales: enriquecerse a como dé lugar, sin importar si las promesas se cumplen o si los proyectos se llevan a cabo. Algo nuevo en la nación peruana es la reconciliación con sus raíces prehispánicas.

¿Cuál ha sido el peor gobernante de la historia republicana?
Los primeros presidentes militares. Es difícil señalar el peor. Entre los mejores están Manuel Pardo y el segundo gobierno de Nicolás de Piérola. En el siglo XX, el Gobierno de Augusto Leguía pudo ser el mejor; sin embargo, condujo a una enorme crisis y al tercer militarismo. Uno de los peores períodos fue el de 1985 a 1990, por su falta de sintonía, de inteligencia para entender el panorama internacional... Además, la ignorancia de lo que pasaba en Europa Oriental fue tremenda. No se entendió el inicio de la globalización y se diseñó una política económica contradictoria con la época.

¿Somos un país adolescente?
No, somos una patria vieja, una nación que se va construyendo día a día y un país donde hay tantos proyectos que se contradicen entre ellos, entorpeciendo el avance. Somos un país maduro y neurótico, que piensa que el pasado fue mejor que el presente y que este siempre es malo. Eso es un atavismo y nos da un ciudadano que no comulga con un proyecto común. Todos son profesionales de la oposición.