15 may. 2008

"MANCO CÁPAC NO FUE UN TIAHUANACO"

Pareja aymara en el Lago Titicaca. Foto: Flickr

Continuando con la imperdible discusión acerca del origen de la etnia inca, Joaquín Narváez nos envió su respuesta a los últimos cuestionamientos del historiador Juan Candela. Aquí el arqueólogo Narváez comenta sobre el origen y expansión del aymara, los cambios paleoclimáticos en el Altiplano, los waru warus y la caída de Tiahuanaco, refutando el planteamiento de Waldemar Espinoza sobre la destrucción de Taipicala y el origen de los incas.

NUEVA RESPUESTA A JUAN CANDELA

"Me da gusto que aceptes que el pasado prehispánico no puede ser determinado por los estudios arqueológicos…,"

¿Y yo cuando he afirmado semejante barbaridad? El pasado prehispánico no solo puede ser determinado o comprendido por la arqueología, sino que es la principal ciencia existente para eso. Lo que dije es que otras ciencias sociales también pueden aportar importante información. No tergiverses mis escritos.

Yo no se que tiene que ver Torero en esto ya que, al contrario de la propuesta del Dr. Espinoza, Torero afirmó que el aymara provenía de la costa sur (sur de Lima-Ica) y de allí se expandió a la sierra hasta alcanzar el Altiplano donde se asentó. En su camino, dejó al Kauki en Tupe, Yauyos, una lengua emparentada con el aymara. Además el Pukina habría sido la lengua Tiahuanaco (Torero 1992). La propuesta de Torero ha sido bastante criticada, siendo el planteamiento más aceptado en la actualidad es que el aymara ni provino de la costa sur peruana ni de Chile sino que tuvo un desarrollo bastante antiguo en el mismo altiplano del Titicaca y que fue la lengua hablada por Tiahuanaco (Browman 1994).

Ahora, yo quisiera saber cual es el método etnohistórico del Dr. Espinoza que tanto defiendes ¿Podrías explicarlo? Porque hasta donde se puede leer en su versión del origen de los Incas, él sólo tomo datos de diversas fuentes y sin mayor análisis las unió para formar una narración. Claro está que su propuesta se sustenta en informaciones recogidas de documentos coloniales, pero ¿qué criterios utilizó para aceptar unas partes y otras no? ¿Por qué no discute nada acerca de las evidentes tergiversaciones existentes en las informaciones coloniales que de muy buena forma explica María Rostworowski (1999)?. Todo esto pertenece al campo metodológico de toda investigación científica. Pero Espinoza no lo explica y tú tampoco. Por ejemplo ¿metodológicamente por qué debemos aceptar como verdad histórica que Apotambo fue padre de Manco Capac pero no que Apotambo recibió el cristianismo por parte de Santo Tomás si todo es parte de un mismo relato?

Debo recordarte que no es Catari, sino Cari. Y efectivamente, no existe ninguna prueba que vincule la historia de Cari con una supuesta migración de aymaras al altiplano desde Chile. Me reafirmo en lo que dije: no hay aymaras en Coquimbo, ni nunca se habló aymara allí. Los aymaras de la sierra de Tarapacá están muy distantes de Coquimbo y se vinculan en general con el colindante altiplano boliviano. Sería bueno que leyeras el artículo de Browman (1994). Además la propuesta de Torero ha sido bastante criticada y no es aceptada por todos.

¿Podrías explicarnos en que consisten las similitudes en la distribución espacial de Cusco y Tiahuanaco? Cusco y Tiahuanaco son dos ciudades distintas, incluso en su configuración espacial. Si citas a un autor como Kolata sería bueno que hicieras un resumen de su propuesta para entender mejor tus ideas. Eso de citar sólo fuentes secundarias (Bonavía) no es suficiente. Afirmar que Cusco cambió por obra de Pachacútec y por eso perdió su similitud con Tiahuanaco es pura especulación.

Cuando puse el ejemplo del Dios de los Báculos, me refería a que dicha imagen (y en general la iconografía Tiahuanaco) están ausentes en la cultura Inca, tanto en sus orígenes como en su desarrollo posterior. Si Manco Capac hubiese sido un Tiahuanaco migrante en el Cusco, entonces buena parte de su repertorio cultural, incluida la iconografía, hubiese persistido, especialmente en las etapas más tempranas. Y eso no existe. Es posible que Wiracocha sea la versión Inca del Dios de los báculos (divinidad muy antigua en los Andes ya que se encuentra presente en Chavín, al menos 1,500 años antes que Tiahuanaco). Pero ese no es el punto. El punto es que no hay iconografía Tiahuanaco en el Cusco, cosa muy rara si es que ese lugar se convirtió en nueva morada de los Tiahuanaco. Ni su cerámica, ni su arquitectura, ni nada.

Quisiera contestar ahora algunas cosas de tu comentario anterior:

"Aquí no se busca respaldar a Waldemar, sino ver que tus pruebas para criticar su teoría tampoco son muy sustentables".

Hay muchísimas evidencias, desde la arqueología, la lingüística y la paleoclimatología (no mías sino sustentadas por diversos autores) que niegan los principales argumentos de la propuesta del Dr. Espinoza. No las voy a repetir para no cansar. Pero debo dejar en claro que en ciencia no se lanza cualquier "teoría" para después buscar evidencias que la demuestren o no. Eso ni siquiera se hace con las hipótesis. Las teorías se construyen sobre evidencias e hipótesis ya comprobadas. Cualquier afirmación o enunciado no es ni hipótesis ni teoría. Esa es creo la parte medular de esta discusión que pareces no entender. Hay una gran diferencia entre decir "San Martín declaró la independencia del Perú en la Plaza Mayor de Lima el 28 de julio de 1821" y decir "los aymaras invadieron el altiplano desde Coquimbo lo cual hizo que Manco Capac huyera al Cusco y fundara el Tahuantinsuyu". Mientras la primera afirmación es un hecho histórico avalado por gran cantidad de evidencias, lo segundo es un enunciado sin mayor sustento y que está en contradicción con muchísimos datos. Por ello es que no puede llegar ni siquiera al nivel de hipótesis y menos aún ser una teoría.

Por otro lado, no es que no quiera comentar lo que dice Duccio Bonavía. El problema es que Bonavía no es un especialista en el Altiplano, así que lo que afirma se basa en lo expuesto por otros autores, especialmente Alan Kolata quien sustentó sus aseveraciones en el estudio de antiguas técnicas agrícolas y como estas fueron afectadas por cambios climáticos. Sus planteamientos tuvieron mucha acogida durante la década de los noventa en el Perú y Bolivia, especialmente en lo referente al uso de los camellones o waru warus, los campos agrícolas elevados. La idea básica de su postulado es que estos fueron una técnica agrícola muy ingeniosa que permitió no sólo la expansión de la frontera agrícola sino que, debido a su alta productividad, fueron el sustento principal de una sociedad compleja como Tiahuanaco. Sin embargo, un cambio climático, específicamente una sequía, afectó de tal manera a los waru waru que perdieron productividad lo que llevó al colapso de la sociedad Tiahuanaco (Kolata 1996).

Durante los ochenta y noventa la idea de la alta productividad de los waru waru caló hondo en el imaginario colectivo de la sociedad peruana y una serie de ONG se dedicaron a financiar su recuperación como una manera ayudar a los campesinos en Puno a mejorar su economía. Y en verdad las primeras cosechas gracias a los waru waru fueron espectaculares, lo cual llevó a insistir en su importancia para las sociedades antiguas como para las contemporáneas. Lamentablemente en muy poco tiempo, todos los esfuerzos por recuperar waru warus fracasaron y ya no se volvió a hablar más de asunto (Bandy 2005) ¿Qué fue lo que paso?

En realidad, los waru waru no fueron la base del desarrollo agrícola en el Altiplano, fue una técnica marginal que sirvió para ampliar la frontera agrícola en épocas de gran necesidad. Después de las primeras cosechas en los waru warus, el suelo se empobrece rápidamente y pierde su capacidad productiva. Son extremadamente sensibles a los cambios climáticos aún ligeros además de otros problemas. El verdadero sustento económico de Tiahuanaco fue los campos agrícolas de secano (Bandy 2005).

Kolata usó los datos paleoclimáticos de Thompson así que volvemos a caer en dicho autor. El registro paleoclimático señala que hacia 1,040 se inicia un proceso de disminución de lluvias, el cual se acrecentó hacia el 1,160 para volverse en verdadera sequía hacia el 1,250. Arqueólogos como Paul Goldstein (2005) han rechazado la propuesta de Kolata ya que la disminución de lluvias hacia el 1,040 fue intrascendente mientras que el empeoramiento de la situación hacia el 1,160, y sobre todo la famosa sequía se dieron cuando ya Tiahuanaco había colapsado. Ya lo explique en mi comentario anterior, ninguna sequía u otro fenómeno natural lleva al colapso a ninguna sociedad. La explicación paleoclimática de por si no es suficiente para explicar cambios sociales.

Allison C. Paulsen no es una paleoclimatóloga, es una arqueóloga. Ella no hizo ningún estudio paleoclimático, simplemente tomó las secuencias alfareras entre Ecuador y Perú y estableció que ciertos desarrollos y cambios culturales en Ecuador coincidían con otros desarrollos y cambios en el Perú. Por ejemplo, la existencia de la cultura Guangala en el Ecuador coincidía con la duración del Período Intermedio Temprano en el Perú. ¿Como explicaba esas supuestas coincidencias en lugares tan distantes? Pues en cambios en el clima, basándose en sus propios trabajos en la península de Santa Elena en el Ecuador. Su método, que no resiste ninguna evaluación seria paleoclímatica actual, se basaba simplemente en fechar los cambios en el uso o no de ciertos espejos de agua comparándolos con secuencias cerámicas. Es decir, cuando había evidencias de agricultura era porque había agua en las fuentes y por lo tanto lluvias. Cuando no, es que las fuentes no tenían agua debido a sequía. Para correlacionar los cambios ecuatorianos con el Perú utilizó lo trabajado por otros autores como Patterson y Lanning para el Perú que tampoco fueron paleoclimatólogos sino arqueólogos Las grandes fallas de dichas propuestas han sido criticadas por otros autores, como por ejemplo Seltzer y Hastorf (1990:398-399), así que no entraré en mayores detalles al respecto.

Lo si debo dejar en claro es que para Paulsen, el cambió climático que supuestamente fue el causante del fin del Horizonte Medio y el comienzo del Intermedio Tardío no fue una sequía sino el cambio de un clima seco (Horizonte Medio) a uno húmedo (Intermedio Tardío), es decir lo opuesto a lo que dice el Dr. Espinoza (Paulsen 1976:130) y opuesto además a lo sustentado con muy buenos datos por Thompson.

Mercer (no Marcel) y Palacios fueron los primeros en fechar la última glaciación andina basándose en el glaciar Quelccaya en el Cusco. Ellos además determinaron la existencia de algunas épocas de lluvias y sequías en el pasado basándose en el mismo glaciar (Mercer y Palacios 1976). Los estudios en Quelccaya fueron continuados después por Thompson y su equipo, quienes refinaron la secuencia y fecharon con más exactitud los diferentes eventos. Por lo tanto, no se puede considerar a Mercer y Palacios como una visión distinta del paleoclima andino, sino como una aproximación inicial continuada y corregida después. En todo caso, tampoco sirve para sustentar el supuesto colapso Tiahuanaco por una sequía ya que en su planteamiento esta ocurrió mucho después.

Resumiendo a los autores que mencionas: Bonavía no cuenta porque el no trabajó en el Altiplano y se basa en Kolata. Kolata se equivocó al pensar que los waru waru eran importantes y utilizó mal los datos paleoclimáticos que son de Thompson. La sequía ocurrió después del colapso Tiahuanaco. Plausen no es paleoclimatóloga y, en todo caso, ella plantea que no una sequía sino un aumento de lluvias lo que produjo el fin de Huari y Tiahuanaco, estados que, según ella, prosperaron en épocas de sequía. En cuanto a Mercer y Palacios, su estudio fue continuado y corregido después .

Referencias:

Bandy, Matthew S.

2005 Energetic Efficiency and Political Expediency in Titicaca Basin Raised Field agriculture. Journal of Anthropological Archaeology Nº 24, pp. 271–296.

Goldstein Paul

2005 Andean Diaspora. The Tiahuanaco Colonies and the Origins of South American Empire. University of Florida Press.

Kolata, Alan

1992 Tiwanaku and its Hinterland.

Mercer J.H. y O. Palacios

1977 Radiocarbon dating of the last glaciation in Peru. Geology Nº 5, pp. 600-604.

Paulsen, Allison C.

1976 Environment and Empire: Climatic Factors in Prehistoric Andean Culture Change

World Archaeology, Vol. 8, No. 2, Climatic Change, pp. 121-132.

Rostworowski, María

1999 Historia del Tahuantinsuyu. IEP. Lima.

Seltzer, Geoffrey O. y Christine A. Hastorf

1990 Climatic Change and its Effect on Prehispanic Agriculture in the Central Peruvian Andes. Journal of Field Archaeology, Vol. 17, No. 4, pp. 397-414.

Torero, Alfredo

1992 Acerca de la familia lingüística Uruquilla. Revista Andina Nº 19, pp. 171-191.