QUIÉN FUE CAHUIDE

Cahuide, héroe de los incas. Foto: Kuntur Art.

Durante la gran rebelión de Manco Inca por la reconquista del Cusco y el Tahuantinsuyo (1536) sobresalió la figura de un gran general incaico. Muchos lo conocen como Cahuide, aunque su verdadero nombre pudo ser Kullash o Tito Cusi Huallpa. Este guerrero defendió hasta que pudieron sus fuerzas el famoso torreón de Muyucmarca, en Sacsayhuaman. Al verlo perdido prefirió inmolarse arrojándose al vacío, antes que caer en manos de los españoles que le ofrecían respetar su vida si se entregaba.

A continuación dos textos sobre este héroe de la resistencia indígena incaica:

El asalto de los españoles a Sacsayhuaman (1)
José Tamayo

Los españoles desesperados decidieron en un acto de audacia tomar la fortaleza de Sacsayhuamán, la cual atacaron por el lado del río Saphy, al mando de Juan Pizarro. Conocedores de la técnica militar para expugnar fortalezas, lograron tomarla por asalto, no sin dejar cientos de cañaris muertos en el foso, sobre cuyos cuerpos pasó la caballería. Juan Pizarro murió a consecuencia de la toma de Sacsayhuaman. En la defensa por la fortaleza, un fornido y heroico orejón cusqueño, defendió hasta el fin el torreón de Muyucmarca y antes de rendirse o caer prisionero prefirió arrojarse de la cima del torreón. La leyenda lo conoce con el erróneo nombre de Cahuide.

Cahuide (2)
Antonio del Busto

Cahuide , el jefe de la fortaleza, ligado a Manco Inca por el juramento de los vasos de oro, se comportó entonces como un héroe clásico, pues – anotará el cronista- “no se escribe de romano ninguno hacer lo que hacía y después hizo”. Efectivamente, al ver lo que ocurría, “con una porra en la mano andaba discurriendo por todas partes, y al indio que iba cobarde, luego con ella le hacía pedazos, echándole abajo; en este tiempo le dieron dos saetadas e hizo tan poco caso dellas como si no le tocaran, e viendo que su gente del todo aflojaban y los españoles por las escalas y por todas partes cada hora le apretaban más, no teniendo con qué pelear, viendo calara la perdición de toda, arrojó la porra que tenía en las manos a los cristianos, y tomando pedazos de tierra la mordía fregándose con ella la casa con tanta congoja y bascas que no se puede decir. Y no pudiendo sufrir ver a sus ojos entrarse la fortaleza, conociendo que entrada era forzado morir según la promesa (que) había hecho el Inga, se echó del alto de la fortaleza abajo porque no triunfasen dél”.

Fuentes:
1. TAMAYO HERRERA, José, Historia del Perú, Conquista y Colonia, p. 48.
2. DEL BUSTO DUTHURBURU, José Antonio, La Conquista del Perú, p. 236.