11 sep. 2008

PRIMEROS ESTUDIOS DEL PRECERÁMICO PERUANO

Arqueólogo francés Federico Engel

Una breve historia sobre términos e investigaciones (primera parte)
Autor: Alejandro Chu, vía Proyecto Bandurria

El término Arcaico fue utilizado por primera vez por los antropólogos norteamericanos Franz Boas (1913) y Herbert J. Spinden (1928), para referirse a las primeras aldeas de agricultores sedentarios de Norteamérica y Centroamérica (Willey y Phillips 1957: 23). El término se empleó para aludir a las sociedades que no presentaban cerámica dentro de su cultura material, y que presentaban un incipiente desarrollo social y tecnológico.

En los Andes Centrales, el término Arcaico fue utilizado por el arqueólogo alemán Max Uhle (1920), y luego por Phillip Means (1931), para hacer referencia a los Pescadores Primitivos del Litoral, en el periodo Arcaico o Migratorio, desde una perspectiva difusionista. Hasta ese momento, esos restos culturales, considerados como las más primitivas expresiones culturales de la región, habían recibido muy poca o ninguna atención. Posteriormente, Lumbreras (1969: 57) y otros utilizaron el término Arcaico para definir la transición hacia una sociedad neolítica productora de alimentos.

En la década de 1940, el norteamericano Junius Bird realizó excavaciones arqueológicas en el sitio de Huaca Prieta (1946-1947) en el valle de Chicama, y marcó el inicio de los trabajos de excavación en los sitios Precerámicos de la costa. Las investigaciones en Huaca Prieta formaron parte del Virú Valley Project, el primer gran proyecto de investigación multidisciplinar que abarcó todo un valle (Ford 1954, Willey 1974). En este sitio se hallaron restos que reflejan una tecnología de pesca sofisticada (redes de algodón), así como textiles de algodón (Bird et al. 1985).

Según Moseley (1992: 9), este fue el primer trabajo que demostró el sedentarismo precerámico en la costa. Bird fue uno de los primeros investigadores en emplear el término Precerámico al hacer referencia a los restos culturales que no incluían cerámica. Otro aporte de esta década fue el empleo de fotografías aéreas, a través de las cuales se identificó una gran cantidad de sitios arqueológicos en la costa. Ellas le permitieron al investigador norteamericano Paul Kosok (1948) ubicar varios sitios monumentales en el valle de Supe, entre ellos el de Chupacigarro Grande, posteriormente conocido como Caral. Un importante aporte para las investigaciones arqueológicas, ocurrido a finales de la década, fue la invención del fechado radiocarbónico (Libby et al. 1949) que, al utilizar la desintegración del isótopo de Carbono 14, permitió calcular la antigüedad exacta (cronología absoluta) del material orgánico exhumado en los sitios arqueológicos.

En la década de 1950, el investigador francés Frèderic Engel inició un ambicioso programa de investigaciones a largo plazo, desde el Centro de Investigaciones de Zonas Áridas (CIZA) de la Universidad Nacional Agraria La Molina, para ubicar sitios arqueológicos en la costa. Su contribución más importante fue la identificación de cientos de sitios Precerámicos en esta región (Engel 1957a, 1957b, 1958). Dentro de este programa se realizaron investigaciones en los sitios del Precerámico Tardío de Asia (Engel 1963), Río Seco (Wendt 1964) y El Paraíso (Engel 1966), que incluyeron la restauración de la estructura conocida como Unidad 1, en el último sitio.

En la siguiente década, un número mayor de arqueólogos realizó investigaciones sobre el Precerámico. Los estudios, hechos en su mayoría por arqueólogos norteamericanos, se concentraron sobre la Costa Central, en especial en el área Ancón-Chillón. Edward Lanning y Thomas Patterson realizaron una prospección por toda la zona, y desarrollaron una cronología para los sitios del área. Estos trabajos llevarían a Lanning a sugerir una relación entre los cambios climáticos y las transformaciones culturales (Lanning 1963, 1965, 1967). Otros investigadores peruanos, como Jorge C. Muelle y Rógger Ravines (1973), también realizaron investigaciones en la zona de Ancón.

En los años de 1960, 1963 y 1966, la Misión Arqueológica Japonesa a los Andes realizó investigaciones en el sitio Precerámico Tardío de Kotosh, en Huánuco, las que revelarían importantes evidencias de arquitectura ceremonial de la época.



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