30 nov. 2008

LA MUERTE DE ABRAHAM VALDELOMAR

Abraham Valdelomar Pinto (1888-1919)

Por muchos años se creía que el escritor Abraham Valdelomar murió al caer a un silo de una casona en Ayacucho, pero el investigador Gotardo Almonacid Cisneros desvirtúa esa versión después de analizar informes de testigos de la trágica muerte del autor de "El Caballero Carmelo".
En este artículo también puedes leer las últimas palabras del afamado cuentista iqueño.

Se esclarece la trágica muerte de Valdelomar
Gotardo Almonacid Cisneros ha realizado una labor de investigación respecto a la muerte de Abraham Valdelomar. Así queda esclarecido el trágico deceso de “El Conde Lemos”.
Publicado en La Primera

Durante muchos años se repitió que César Vallejo había muerto de sífilis debido a una irresponsable tesis de Xavier Abril. Hasta que Javier Mariátegui decidió estudiar las recetas y medicina que se suministró a Vallejo y así, desmintió al autor de “César Vallejo o la teoría poética”. Lo mismo sucedió en torno a la muerte de Abraham Valdelomar. Por eso, es preciso celebrar el trabajo de investigación de Gotardo Almonacid Cisneros.

En efecto, Abraham Valdelomar viajó a Ayacucho para participar en el Congreso Regional. Llegó a caballo procedente de Huancayo, el lunes 27 de octubre a las 4.30 p. m., de 1919.

Todos los diputados fueron invitados al hotel Bolognesi a una cena de gala. Antes, Valdelomar visitó una farmacia y después necesita estar solo. Gotardo Almonacid Cisneros, escribe: “Cuando Valdelomar sale del comedor, Pacheco va con él o le sigue los pasos. Nuestro escritor marcha por un paso desconocido, hacia una simple pared que conduce a una escalera a interior de piedra, da un paso en falso y cae al vacío, rompiéndose la columna vertebral contra el pretil de una vieja escalera del tiempo de la colonia y, rebotando cae sobre un montículo de piedra al lado de aquella escalera. Transcurridas algunas horas, lo encontraran quejumbroso, con la columna vertebral fracturada y dolores insoportables. (…) Abriendo los ojos desmesuradamente, murmuró: ‘Me estoy muriendo’ y exclamó haciendo un último esfuerzo: ‘Dios mío, ¿por qué me llevas tan pronto?, si todavía no he terminado mi trabajo’. Expiró a las dos y media de la tarde del 3 de noviembre de 1919”

Como dice Gotardo Almonacid Cisneros: “La muerte trágica de Valdelomar sirvió para que sus enemigo se ensañaran con él después de muerto, tejiendo una versión tergiversada de los hechos, haciendo correr el rumor malévolo que había muerto encima de una inmundicia. Afirmación sin pruebas. Quienes lo encontraron declararon haberlo hallado sobre un montículo de piedras, al pie de las gradas, con la columna espinal quebrada. Esos ególatras y figuretis que siempre eran los mismos que destilaban el veneno de la envidia y la incomprensión contra César Vallejo y José Carlos Mariátegui”.