7 mar. 2009

¿EL ORIGEN JAPONÉS DE LOS INCAS? - CUARTA PARTE

¿FUERON JAPONESES LOS INCAS? (IV)

Esta es la última parte dedicada al comentario del libro de Francisco A. Loayza "Manko Kapa. El fundador del Imperio de los Inkas fue Japonés". En anteriores entregas el autor había expuesto numerosas referencias de los cronistas al origen foráneo de Manco Kapa, y encontrado diversos términos usados en el incariosin aparente raíz en el quechua y el aymara, y los que él proponía que venían del japonés. Además, encontraba diversos paralelos religiosos, antropológicos y mitológicos entre ambos pueblos.

En esta última entrega discutiremos la raíz de la propuesta de Loayza, es decir la travesía que, según él, llegó a un grupo de japoneses desde ese país hasta el lago Titicaca, donde las tribus locales lo reconocieron como soberanos.

LLEGANDO DESDE JAPÓN A PERÚ

Cabe señalar que la teoría de que una embarcación japonesa llegue a las costas del Perú no es una imposibilidad fáctica. De hecho a principios del siglo XX, un grupo de pescadores a la deriva arribó a las costas de nuestro país, constituyendo uno de los primeros migrantes nipones.

Es necesario agregar que, etnológicamente, la raza americana nativa es parecida a la raza asiática, uno de los aspectos en que Alex Hrdlicka basa su teoría del poblamiento americano (teoría que, dicho sea de paso, Loayza desconocía pues su libro fue publicado en 1926 y el de Hrdlicka recién en 1937). Los indios americanos se parecen más a los japoneses, coreanos, tártaros o mongoles que a cualquier otra raza en otros continentes del planeta, lo cual había facilitado una integración en un eventual encuentro entre nipones y quechuas.

Loayza enfatiza la existencia de la corriente marina de Kuro-Siwo (la Corriente Negra), basado en los escritos del orientalista Leon de Rosny:

"Una corriente de agua sombría, negra, salada, caliente, sembrada de fucus flotantes, pasea vagabunda sobre las cosats del Japón, y de allí sobre toda la extensión del Pacífico, en la dirección nordeste...
La rapidez que el Kuro-Siwo da a los navíos llevados por él al nordeste es considerable. Al principio, de 35 a 40 millas por día, esta velocidad aumenta muchas veces hasta 70 y 80 millas en 24 horas, tan luego alcanza la latitud de Yedo. Su poderosa influencia sobre el clima de las olas del Japón se extiende hasta las playas de California"(1).


El autor enumera diversos casos en los que embarcaciones japonesas arribaron fortuitamente a costas americanas:

-En 1873, el periódico "Overland Monthy" de San Francisco da a conocer 50 casos en los últimos 90 años.
-En 1805 se estrelló un junco japonés en las inmediaciones de Sitka (Alaska).
-En 1813, el barco inglés Forrester encontró una gran barca japonesa a la deriva cerca de las Islas de la Reina Carlota (Columbia Británica, Canadá).
-En 1813, el capitán Cop rescató a 20 japoneses en un junco a la deriva en la lat 40 N, long. 170 O.
-En 1855, el capitán Brooks encontró un junco japonés en la lat. 42 N, long. 170 O.
-En 1871, la goleta Hutchinson encontró otros japoneses cerca a la isla Atka (Alaska).
Etc., etc. (2)

De esta misma forma, deduce Loayza que Manko Kapa y su grupo fue arrancado de las costas japonesas, llegando por la corriente del Kuro Siwo hasta las inmediaciones de las islas Galápagos. De allí, la corriente del Niño, los arrastró hacia el sur, alcanzando su máxima velocidad en los meses de verano (3). La corriente del Niño avanza hasta las proximidades de Arica, mientras la de Humboldt, discurre paralelamente de sur a norte. Precisamente, el autor hace la salvedad de que estos visitantes no desembarcaron en la costa norte del Perú, donde estaban estblecidas culturas desarrolladas como Chimú y Lambayeque, sino en Arica, donde a principios del siglo XIII no habría habido un desarrollo tan avanzado.

Una nota curiosa al margen de esta teoría. Nótese que en 1926 Loayza dibuja a Arica como parte del Perú, ya que según el tratado de Ancón de 1883 la ocupación chilena de esta ciudad era sólo temporal. En 1929 Leguía cedió Arica a Chile a cambio de Tacna, que también estaba bajo la ocupación chilena.
LLEGANDO DESDE ARICA AL TITICACA.

"Al llegar a Arika, no vacilaron en dirigirse a tierra... Y como en Arika nada encontraran de provecho inmediato, avanzaron prudentemente por la quebrada de Asapa. Por esa ruta había agua segura, aunque escasa, y cuando menos hierbas comestibles y frutos silvestres. Por ser más cómodo el terreno caminaron por la banda derecha, deteniéndose el tiempo necesario para descansar de las fatigas en los parajes de Yara, Chako y Umagata. Allí se encontraron con uno o dos indígenas, seguramente quechuas, de quienes valiéndose de gestos y ademanes, obtuvieron datos necesarios y útiles de la tierra... En vista de la pobreza de agua en la quebrada de Asapa, desandaron lo andado, con la perspectiva de hallar más ventajosos terrenos... Y volvieron a Arika, y para mejor orientarse subieron al morro que se alza en la bahía... y desde ahí divisaron claramente la entrada del valle de Yuta, cuyo río brindaba agua dulce y suficiente... Por las márgenes del Yuta llegaron a Zora, después a Chakire. Luego pasaron a Kata, en donde notaron los vestigios de un camino que bajaba de las alturas... Siguieron de Kata, siempre por las márgenes del río, hasta encontrar la confuencia del Sokoroma que baja del oriente. Después de explorar el curso de éste, expedicionaron por las alturas de Chakara y Kakene, volviendo por el mismo trayecto, por la misma quebrada de Sokoroma, hasta su encuentro con el Yuta... De regreso al río Yuta marcharon hacia su naciente, no sin antes explorar las estériles alturas de Tapaka, así como el afluente, hoy denominado río Azufre. En esta jornada contemplaron las cimas del Takora. Y continuando por el Azufre ascendieron hasta sus pequeñas nacientes, próximas a la laguna Blanca. Rodeando esta laguna, hallaron su desagüe que cae sobre el río Uchusuma. Por ese río avanzaron hasta su confluencia con el Mauri. La peregrinación por las márgenes de éste, es seguro que fue de largo toempo, hasta que llegaron a la confluencia con el Desaguadero. En Kalakoto, lugar situado en el arco formado por la confluencia con los dos ríos, descansaron. Y desde allí hicieron varias excursiones en diversas direcciones. Una de éstas... a la quebrada de Koro-koro, sobre la orilla izquierda del Desaguadero. Pasando después por los parajes de Atankawa y Nasakara, continuaron en pos del naciente del Desaguadero. Sobre su margen izquierda encontraron un pequeño afluente, el río Koppa. Y, siguiendo siempre por el Desaguadero, llegaron al Thithi Haha. Y por las orillas de éste, siguiendo la dirección del oriente, pasaron a Waki y luego a Kakaya. En este sitio resolvieron entrar al lago. Y, previa confección de balsas, pasaron a la isla de Patapani, la más próxima... De allí navegaron fácilmente a las vecinas islas de Pako y Takiri. Y luego, costeando la península de Copacabana, arribaron a la isla de Koati, y de allí a la isla de ThiThi Haha, el foco máximo de las leyendas incaicas, y fuente real de la historia de los incas".

La línea señalada con puntos ..... corresponde a la ruta seguida por los incas desde Arika hasta Thithi Haha. Hacer clic en la imagen para ampliar.


Al llegar a este punto, me pregunté lo mismo que Ud., amigo lector, debe estar preguntándose: ¿De dónde sale todo esto? ¿Cual es la evidencia que tiene el autor para narrar con tal detalle semejante odisea? Puedo imaginar a Loayza frotándose las manos cuando él mismo respondiera más adelante:

"Todos los nombres geográficos que figuran en el itinerario marcado, corresponden íntegramente a palabras japonesas, cuyos significados se ajustan con precisión a las condiciones y características anotadas en aquella ruta".

A continuación el autor ofrece una lista de los nombres geográficos, tomados ad litteram del mapa oficial de la Sociedad Geográfica del Perú de 1912, y los compara con sus correspondientes voces japonesas y sus respectivos significados.

LUGAR.... VOCABLO JAPONÉS: SIGNIFICADO.
-Arika... Arika: Lugar donde se halla una cosa deseada. Nada más deseado que llegar a tierra.
-Asapa... Asapan: Mañana y Tarde. Los japoneses caminaban por ambos lados de la quebrada, separándose en la mañana y juntándose en la tarde.
-Yara... Yarai: Empalizadas. Frecuentes en los márgenes de los ríos.
-Chaku... Chaku: Lugar de arribo, llegada. Perfecto nombre para un sitio al que se llega tras una larga jornada.
-Umagata... Umakata: Conductor de bestia de carga. Aquí los forasteros se encontraron con un arriero.
-Yuta... Yuto: Superior, excelente. Comparando el río Asapa con el Yuta, éste último es superior.
-Zora... Zori: Sandalia, calzado. Aquí los forasteros se encontraron con una sandalia.
-Chakire... Chikiri: Alianza, unión, acuerdo. Aquí entablaron algunos acuerdos con los indígenas.
-Kata... Kata: Camino. Encontraron un camino.
-Soko-Roma... Soko-Roba: Lugar donde se halla una anciana. ¡Saludos!
-Chakara... Chagara: Residuos de té. Aquí los japoneses se tomaron los últimos residuos de té que trajeron de su patria.
-Kakene... Kakeme: Pérdida o falta de alguna cosa. Aquí se les perdió algo... ¿la tetera, tal vez?
-Tapaka... Tamaka: Economía, frugalidad. En esta región fría y estéril, los viajeros tuvieron que economizar víveres.
-Takora... Tokara: Después de mucho tiempo. Tras la penosa travesía, llegaron a este lugar luego de mucho tiempo.
-Uchu-suma... Uchi-suma: Interior de un ángulo. Este sitio se encuentra en el interior del ángulo formado por el río Uchusuma y uno de sus pequeños afluentes.
-Mauri... Amauri: Melón... Provecho.
-Kalakoto... Karakoto: Arpa china. Este lugar se encuentra en la confluencia de los ríos Mauri y Desaguadero, conformando una curva similar a un arpa china.
-Koro-koro... Koro-koro: Tigres. ¡Cuidado, hay un puma cerca!
-Atan-Kawa...Atari-Kawa: Vecino del río, cerca del río. La cumbre del Atankawa está vecina al río Desaguadero.
-Nasa-Kara... Nasu Kara: Semejante a la berenjena. Encontraron algún fruto silvestre parecido a la berenjena.
-Koppa... Koppa: Pedazo de madera, tronco.
-Waki... Waki: Al lado. Se ubica al lado del lago Titicaca
-Kakaya... Kagaya: Brillante, reluciente. Por su altura, el cielo en Kakaya es reluciente por las noches.
-Patapata ni... Patapata: Ruido de alas. Muchas aves merodean esta isla.
-Pako... Bako: Altiva. Este es otro de los nombres de Mama Ocllo Baco, como muchos denominan a la hermana de Manco Cápac. Los incas nombraron esta isla en honor a ella.
-Takiri... Takigi: Leña, madera para combustible. Aquí encontraron abundante leña, a diferencia de otras islas.
-Ko-ati... Ko-ate: Cosa pequeña. Se trata efectivamente de una pequeña isla.
-Thithi Haha... Chichi Haha: Padre y madre. El lugar de donde salieron el padre y la madre del imperio (ver más detalle aquí).

El autor estima que para este recorrido los forasteros tardaron no menos de 4 años, tiempo suficiente para aprender el quechua, el idioma de los nativos, y así poder conquistarlos pacíficamente y hacerse sus líderes.

Loayza concluye:

"Al comenzar este estudio ofrecimos pruebas, hechos y testimonios, y los hemos presentado profusamente. Réstanos ahora, suplicar a la crítica, serena y justiciera, sus objeciones, igualmente con pruebas, hechos y testimonios".

¿ALGUIEN, POR FAVOR, PUEDE EXPLICARME CÓMO ES POSIBLE ESTO?

En la tercera parte de esta serie me permití hacer algunas reflexiones personales sobre esta teoría en general, aunque reconozco que ninguna de ellas responde directamente a las observaciones planteadas por Loayza (salvo una diferencia entre el vocablo QOSQO y el japonés HOSHO). Pienso que el autor plantea cuestiones interesantes, demasiadas como para pasarlas por alto.

Si todo esto es casualidad, hay que reconocer que Loayza tiene una imaginación enorme y que ha montado una historia que supera de lejos a Dan Brown y su Código Da Vinci.

Pero si tiene razón, si después de realizar cuidadosos estudios científicos (análisis de ADN incluído) se comprueba que la teoría de Francisco A. Loayza era cierta...

HORROR...

(1) De Rosny, Leon, 1883. La Civilisation Japonaise, pag 38 y 39.
(2) Cronau, Rodolfo, 1892. América, Tom. I, pag 137.
(3) Fuchs, Federico, 1918. Metereología del Perú, Boletín de la Sociedad Geográfica. Tom. XXXIV, pág 10.