27 may. 2009

EL INCA GARCILASO Y LA CIUDAD DE LISBOA

Plaza de Figueira en Lisboa. En esta ciudad se publicó por primera vez los "Comentarios Reales" del Inca Garcilaso de la Vega, hace 400 años. Foto: Rocío Ortega

Garcilaso, Lisboa y los Comentarios Reales (1)
TEODORO HAMPE MARTÍNEZ

El Inca Garcilaso de la Vega mantuvo una relación especial con la ciudad de Lisboa, la bella capital portuguesa ubicada a orillas del Tajo. Esta no solo le sirvió como puerta de acceso al continente europeo, cuando llegó en 1560 animado por el afán de reivindicación material y crecimiento espiritual, sino que también constituyó el lugar donde dio a publicidad sus obras más importantes: la Florida del Inca (1605) y los Comentarios Reales de los Incas (1609).

Ambas obras se editaron en la casa tipográfica de Pedro Craesbeeck (1572-1632), un flamenco que se había afincado en Lisboa en los años finales del siglo XVI y que inició un linaje de editores de notable éxito comercial. Me parece que es interesante explorar esta relación particular, pues el hecho de publicar esos famosos libros en una corte real como Lisboa no fue meramente casual.

Ante todo, debemos tener en cuenta que aquellos eran los años de la unión de las coronas de España y Portugal, producida en 1580 tras la muerte de Sebastián I, último monarca de la casa de Avis, y la ascensión al trono de su tío, Felipe II. Se puede emplear con todo acierto la figura de la "doble monarquía", que rigió también para el Imperio austro-húngaro hasta comienzos del siglo XX. Publicar en Lisboa significaba salir en letras de molde en una de las capitales del reino, lo cual garantizaba sin duda la atención de los poderosos y una buena plataforma de distribución editorial.

Se ha especulado con cierta exageración sobre las características que compartían Pedro Craesbeeck y el Inca Garcilaso como migrantes en busca de mejor fortuna. Quizás esto pudiera haber influido en lograr una relación armónica y fluida entre ambos personajes. Pero más importante es el hecho de la buena acogida que recibió el escritor mestizo en la corte de los duques de Braganza, quienes le admitieron con magnanimidad y facilitaron la obtención de las licencias civiles y eclesiásticas necesarias para imprimir sus escritos sobre tema americano.

En la dedicatoria de la Florida del Inca, dirigida a Teodosio II de Braganza, Garcilaso expresa sinceramente su deuda de gratitud con la gente lusitana. Y hay que tomar en cuenta que la primera parte de los Comentarios Reales, aquella que trata de la historia y gobierno de los Incas, también está dedicada a un personaje de la realeza lusitana: Catalina de Portugal (madre de Teodosio). Pedro Craesbeeck logró el privilegio de ser nombrado impresor de la Casa Real, con lo cual su firma se presentaba inmejorable para los propósitos de Garcilaso y cualquier otro escritor que quisiera alcanzar la anhelada trascendencia.

Es bien sabido el hecho de que la empresa literaria del Inca se truncó con su muerte en la ciudad de Córdoba, el 23 de abril de 1616. Al hacerse el inventario de sus bienes, se encontraron en su casa unos 500 ejemplares sueltos de los Comentaros Reales editados en Lisboa. Es obvio pensar que el autor se hallaba a la expectativa de lanzar conjuntamente la primera y la segunda parte de su obra, pero esta última solo pudo ver la luz la póstumamente, bajo el título de Historia General del Perú, y en la imprenta cordobesa de la viuda de Andrés Barrera.

La Embajada del Perú en Portugal ha tenido el acierto de conmemorar este cuarto centenario con un acto público al pie de la estatua de Garcilaso en Lisboa, ubicada en el Campo dos Mártires da Pátria. Más allá de la conmemoración simbólica, es importante reflexionar sobre las relaciones especiales que nuestro insigne escritor mantuvo con la capital portuguesa y con un establecimiento famoso como el de Craesbeeck, que garantizó la perdurable vigencia de su legado intelectual.

(1) Publicado en el diario La Industria, Trujillo, 2 de mayo de 2009, núm. 41.527, p. A2.