4 jul. 2009

LA MUERTE DE QUIZU YUPANQUI

Los guerreros cusqueños atacarón Lima los primeros días de setiembre de 1536. Dibujo: Miguel Ángel Yzaguirre

La muerte de Quizu Yupanqui

Centenares se ahogaron en el río, miles murieron en las primeras horas del violentísimo choque. La lucha cuerpo a cuerpo fue sanguinaria. Los flechazos y lanzadas de los atacantes resbalaban sobre los cascos y corazas de los españoles, pero arrasaban con sus indios auxiliares.

Desde el barrio de Santa Ana -actual Barrios Altos- Quizu Yupanqui y los rebeldes avanzaron lentamente, cuadra por cuadra, combatiendo sin temor contra los mortíferos pelotones de caballería. Por el actual jirón Junín, el general cusqueño avanzaba montado en una litera y esgrimiendo una lanza.

Los escuadrones incas de la vanguardia peleaban con ferocidad y destreza con sus porras y lanzas, pero eran diezmados por los infantes y caballeros que los herían y mataban sin piedad alguna. En todas las calles cercanas a la Plaza de Armas se luchaba sin descanso, con ferocidad y rabia por ambos lados. El fuego y hierro de los españoles arrasaban con muchos aucarunas. Los escuadrones de caballería hacían demasiado daño en los guerreros indígenas, que no dejaban de pelear con ánimo invencible.

Indígenas y españoles combatieron con ferocidad y arrojo. Dibujo: Miguel Ángel Yzaguirre.

La batalla era más cruel y feroz que nunca, y Quizu Yupanqui luchaba a pocos metros de la casa de Pizarro, cuando un escuadrón de 60 jinetes arremetió contra el batallón que lo rodeaba. En esta violentísima embestida murieron muchos nobles capitanes rebeldes. En ese decisivo momento uno de los caballeros llamado Pedro Martín de Sicilia se acercó temerariamente al general incaico y le incrustó su lanza en el pecho, haciéndole caer sobre los demás guerreros que yacían desangrados.

La muerte del gran apuquispay fue un golpe demasiado duro para los atacantes, y llenó de júbilo a los españoles. La irreparable pérdida hizo que las tropas rebeldes se replegaran hacia el cerro San Cristóbal. Cuando curaban sus herídas y reponían fuerzas para una segunda ofensiva, se enteraron de la llegada de centenares de refuerzos cristianos junto a un ejército de indomables chachapoyas para la defensa de Lima.

Los capitanes cusqueños Illa Túpac, Puyu Vilca, Paucar Waman y Yamki Yupanqui acordaron la retirada rumbo a la sierra central, por las rutas de Canta y Huarochirí. En las alturas andinas también se cubrirán de gloria, como Quizu Yupanqui.