EL DESCUBRIMIENTO DE SUDÁFRICA

El navegante portugués Bartolomé Díaz (1450-1500).
Dibujo: Eduardo Coelho.

El descubrimiento de Sudáfrica

Varias décadas antes de la caída de Constantinopla los portugueses habían iniciado la exploración de las costas de África occidental. El objetivo era encontrar pueblos aliados que puedan atacar a los musulmanes de Marruecos y explotar sus materias primas (marfil, pieles y madera) para venderlas al resto de Europa.

El príncipe Enrique "El Navegante", hijo del rey Juan I, organizó una poderosa flota y apoyó todos los proyectos de expansión a ultramar. Para eso fundó la Escuela Náutica de Sagres. Muy pronto se alcanzaron los primeros éxitos: en 1434 bordearon el Cabo Bojador, en 1444 llegaron a las costas de Cabo Verde y en 1456 descubrieron las islas de Cabo Verde.

En 1460 murió Enrique "El Navegante", pero el rumbo explorador ya estaba trazado.

En el reinado de Juan II el objetivo principal era encontrar una nueva ruta marítima para llegar a la India y la China. También confiaban en encontrar al legendario rey Preste Juan, rico monarca cristiano que se suponía en un rincón de África o Asia. En este periodo los lusitanos lograron alcanzaron Santo Tomé y San Jorge de Mina, en Guinea. También hallaron la desembocadura del río Congo, en el centro del África.

Recién a fines de 1487 la expedición encabezada por Bartolomé Díaz llegó a tierras sudafricanas y descubrió el Cabo de las Tormentas, poco después rebautizado como Cabo de la Buena Esperanza. En 1498 su paisano Vasco de Gama lo bordeó en la primera expedición que llegó a la India navegando desde Europa. Cerca del Cabo de la Buena Esperanza se ubica el Cabo Agulhas, el verdadero extremo sur del continente africano. Desde aquellos años Sudáfrica se convirtió en el paso obligado para los buques mercantes que llevaban los tesoros del Lejano Oriente hacia Europa Occidental.