3 dic. 2009

SIMÓN BOLÍVAR Y EL JURAMENTO DEL MONTE SACRO

Simón Bolívar y Simón Rodríguez en el Monte Sacro.
Imagen: Wikitrivia (Flickr).

En Francia Simón Bolívar comenzó a pensar en la independencia de su patria gracias a Humboldt, y a soñar con la gloria gracias a Napoleón. Para que el plan que germinaba en su mente y la emoción que bullía en su pecho encuentren una guía, un sendero, Bolívar decidió buscar a su antiguo maestro: Simón Rodríguez, quien en 1805 vivía en Viena. Rodríguez, admirador de Rousseau, ya era un ferviente republicano, e inculcó en su discípulo las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, enarboladas en la Revolución Francesa. Además era un gran viajero y admirador de los libros clásicos de la antigua Roma, e invitó a su joven amigo a visitar esta bella ciudad.

El Foro Romano. Foto: Giorgio Zanetti.

Llegaron a Roma a mediados de agosto de 1805. Fue grande la emoción que sintió Bolívar al pasear por la Ciudad Eterna. La grandeza y belleza de sus monumentos trajeron a su mente a los más destacados gobernantes, legisladores, generales y artistas. También a sus inmortales luchadores sociales. Cuando ascendió al Monte Sacro recordó la rebelión de los plebeyos del año 494 a.C., cuando comenzaba la República.

Era ya tarde, Simón Bolívar admiraba el panorama y contemplaba el crepúsculo; entonces se acordó de su patria lejana, oprimida por los españoles. De pronto se dirigió a su maestro, que descansaba sentado en una piedra, y despúes de mencionar a los grandes héroes y los excecrables tiranos de la antigua Roma, le habló del Nuevo Mundo y su anheló de libertad. Entonces con gran solemnidad pronunció su famoso juramento:

“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por mi patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.