27 jun. 2010

FRANCISCO PIZARRO EN LA CÁRCEL

Francisco Pizarro. Imagen: El Bibliómata (Flickr)

Francisco Pizarro en la cárcel

A fines de 1528, Francisco Pizarro viajó de Panamá a España como Procurador de la Compañía del Levante. Debía obtener un contrato con la Corona que le asegure la exclusividad de la conquista del Perú. Además, debía asegurar títulos y sueldos para sus socios y los "Trece de la Fama". Lo acompañaron el griego Pedro de Candia y cinco indígenas peruanos, siendo uno de ellos el famoso Felipillo.

Estuvo de paso en Santo Domingo, recorriendo con nostalgia sus plazas y calles después de casi 20 años de ausencia. A mediados de enero de 1529, llegó a Sevilla, sin saber que lo esperaba un antiguo enemigo de Santa María de la Antigua: Martín Fernández de Enciso. En 1512, Vasco Núñez de Balboa y Francisco Pizarro lo derrocaron, le confiscaron sus bienes y lo expulsaron. Regresando a España, el bachiller Enciso abrió un proceso judicial contra los cabecillas golpistas y sus complices. Balboa ya estaba muerto; Pedrarias lo había decapitado en 1519. A pocos días de desembarcar en Sevilla en 1529, Francisco Pizarro fue capturado y confinado en la Cárcel Real, situada en la céntrica Calle de las Sierpes.

Para poder salir debía devolverle a Enciso lo que le arrebataron en 1512, algo que era imposible para el extremeño que había llegado con recursos muy limitados. Al menos una semana Francisco Pizarro estuvo encarcelado, con el temor de ver derrumbados todos sus sueños de riqueza y gloria conquistando el Imperio de los Incas. Pero la suerte le volvió a sonreir cuando Pedro de Candia logró que los miembros de la Casa de Contratación de Sevilla se enteren de la importante gestión que debía hacer ante la Corona. El emperador Carlos V se interesó en el asunto, y el 6 de febrero de 1529 ordenó que lo liberen de inmediato y se le facilite llegar a la Corte lo más pronto posible. Agradeciendo a Dios y al Rey, el extremeño enrumbó hacia la ciudad de Toledo. Continúa aquí >>