29 jun. 2010

LA CAPITULACIÓN DE TOLEDO

Francisco Pizarro ante el emperador Carlos V en 1529.
Dibujo: Suárez de Árbol.

La Capitulación de Toledo

En 1529, el emperador Carlos V residía en la ciudad de Toledo, en el centro de España. Hasta allá viajaron Francisco Pizarro, Pedro de Candia y los indígenas peruanos. A comienzos de marzo el Emperador los recibió amablemente, a pesar de que estaba a punto de marchar a Italia. Escuchó atentamente la descripción de Tumbes que hizo Candia y vio el plano que había dibujado de la bella ciudad. Admiró las llamas, las mantas, las estatuillas de oro y plata, las vasijas de cerámica y las ropas de los indígenas. Carlos V le prometió a Pizarro que recomendaría su proyecto al Consejo de Indias para que se apruebe y lo firme su esposa, la emperatriz Isabel de Portugal.

Sin embargo, el Consejo de Indias no dio trámite al asunto hasta que tres meses después, por gestión de Hernán Cortés Pizarro, Conquistador de México, Francisco Pizarro fue citado y escuchado por los Consejeros. De inmediato se redactó la Capitulación de Toledo, rubricada por la emperatriz Isabel el 26 de julio de 1529. Hernán Cortés era sobrino de Francisco Pizarro y se reencontraron en la Corte de Toledo después de 20 años. Había luchado juntos en las huestes de Nicolás de Obando, en la isla La Española.

La Capitulación de Toledo autorizó la Conquista del Perú a Francisco Pizarro y su Compañía del Levante. Pizarro fue nombrado Adelantado, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de Nueva Castilla (desde el sur de Colombia hasta la costa central del Perú). A Diego de Almagro se le nombró Alcaide de Tumbes y Capitán Mayor. A Hernando de Luque se le otorgó el Obispado de Tumbes y el cargo de Protector de Indios. A los Trece de la Fama, se les concedió los títulos de Hidalgos de Solar Conocido y Caballeros de la Espuela Dorada. A Pedro de Candia se le hizo Artillero Mayor, y a Bartolomé Ruiz, Piloto Mayor. La Corona española se reservó el derecho al Quinto Real.

Con la Capitulación en la mano, el flamante Gobernador de Nueva Castilla enrumbó a su pueblo natal, Trujillo, para reclutar a sus hermanos y paisanos, ilusionándolos con las fabulosas riquezas del Perú. Continúa aquí >>