LA LLEGADA DE CRISTÓBAL COLÓN A AMÉRICA

Cristóbal Colón (1453-1506).
Imagen: Pulso Digital (Flickr).

La llegada de Cristóbal Colón a América
(Resumen del Descubrimiento de América aquí)

Después de apaciguar a los amotinados Cristóbal Colón dirigió muchas oraciones a la Santísima Trinidad y la Virgen María. Era muy devoto y confiaba bastante en la ayuda divina, ya que el éxito de su empresa traería consigo la evangelización del Lejano Oriente y la ayuda de los conversos en el rescate de la Tierra Santa.

El día 11 de octubre los marineros de la “Pinta” recogieron del mar algunos palos y cañas, notando que uno de ellos parecía estar tallado. Esto alivió y alegró a todos, ya que eran señales de que se aproximaban a tierra. Por la noche, el Almirante convocó a los tripulantes de la Santa María para cantar el Salve Regina (antigua canción a la Virgen María) y les recordó que la Reina Isabel prometió 10 mil maravedíes de renta vitalicia al primero que mire tierra.

A las 10 de la noche del mismo día Colón divisó una luz en el horizonte, e hizo que la vieran Pedro Gutiérrez, Rodrigo Sánchez de Segovia y Pedro Salcedo. Parecía una “candelilla de cera que subía y bajaba”. En la “Santa María” ya todos celebraban cuando a las 2 de la madrugada del viernes 12 de octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana, desde la proa de la “Pinta” gritó ¡Tierra, tierra!. Había avistado una colina iluminada parcialmente por la luz de la luna. Para su mala suerte, el premio lo reclamó y cobró Cristóbal Colón.

Al llegar el alba las tres embarcaciones se acercaban a las playas de una paradisiaca isla de las Bahamas y arriaban sus velas. Cristóbal Colón y su séquito se embarcaron en un batel (lancha) llevando una bandera y dos estandartes reales. Cuando se acercaban los alcanzaron los bateles de los hermanos Pinzón. Al llegar a la orilla el Almirante saltó a la playa, se arrodilló en el suelo y beso su arena. Muchos de los marineros hacían lo mismo cuando Colón plantó el pendón de Castilla en la hermosa isla que los nativos llamaban Guanahaní, y que el genovés bautizó como San Salvador. Continúa aquí