30/06/2010

IMÁGENES DE TOLEDO (ESPAÑA)

La ciudad de Toledo se ubica en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, en el Centro de España. Se yergue sobre una gran colina rodeada por el río Tajo. Fue una urbe muy importante durante la dominación musulmana, hasta que fue reconquistada por los cristianos en el siglo XI. Fueron los Reyes Católicos quienes la engrandecieron, alcanzando su apogeo arquitectónico durante el periodo de Carlos V. El 1529, el Emperador recibió en Toledo al conquistador Francisco Pizarro y avaló su proyecto para la Conquista del Perú.

Imágenes de Toledo (España)

La Catedral de Toledo. Foto: Francisco Javier Martín (Flickr).

El Centro Histórico de Toledo con su famoso Alcázar en la parte más alta. Foto: Francisco Javier Martín (Flickr).

Vista nocturna del Alcázar de Toledo. Foto: R.Duran (Flickr).

El Puente de San Martín sobre el río Tajo. A la izquierda, el Monasterio de San Juan de los Reyes. Foto: José Mazcona (Flickr).

La Puerta de Bisagra. Foto: Plostis (Flickr).

Plaza de Zacodover. Foto: Toledo Ciudad Imperial (Flickr).

Calle de Toledo decorada en Corpus Christi. Foto: Francisco Javier Martín (Flickr).

29/06/2010

LA CAPITULACIÓN DE TOLEDO

Francisco Pizarro ante el emperador Carlos V en 1529.
Dibujo: Suárez de Árbol.

La Capitulación de Toledo


En 1529, el emperador Carlos V residía en la ciudad de Toledo, en el centro de España. Hasta allá viajaron Francisco Pizarro, Pedro de Candia y los indígenas peruanos. A comienzos de marzo el Emperador los recibió amablemente, a pesar de que estaba a punto de marchar a Italia. Escuchó atentamente la descripción de Tumbes que hizo Candia y vio el plano que había dibujado de la bella ciudad. Admiró las llamas, las mantas, las estatuillas de oro y plata, las vasijas de cerámica y las ropas de los indígenas. Carlos V le prometió a Pizarro que recomendaría su proyecto al Consejo de Indias para que se apruebe y lo firme su esposa, la emperatriz Isabel de Portugal.

Sin embargo, el Consejo de Indias no dio trámite al asunto hasta que tres meses después, por gestión de Hernán Cortés Pizarro, Conquistador de México, Francisco Pizarro fue citado y escuchado por los Consejeros. De inmediato se redactó la Capitulación de Toledo, rubricada por la emperatriz Isabel el 26 de julio de 1529. Hernán Cortés era sobrino de Francisco Pizarro y se reencontraron en la Corte de Toledo después de 20 años. Había luchado juntos en las huestes de Nicolás de Obando, en la isla La Española.

Vista de Toledo en el siglo XVI. Dibujo: Georges Hoefnagel.


La Capitulación de Toledo
autorizó la Conquista del Perú a Francisco Pizarro y su Compañía del Levante. Pizarro fue nombrado Adelantado, Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor de Nueva Castilla (desde el sur de Colombia hasta la costa central del Perú). A Diego de Almagro se le nombró Alcaide de Tumbes y Capitán Mayor. A Hernando de Luque se le otorgó el Obispado de Tumbes y el cargo de Protector de Indios. A los Trece de la Fama, se les concedió los títulos de Hidalgos de Solar Conocido y Caballeros de la Espuela Dorada. A Pedro de Candia se le hizo Artillero Mayor, y a Bartolomé Ruiz, Piloto Mayor. La Corona española se reservó el derecho al Quinto Real.

Con la Capitulación en la mano, el flamante Gobernador de Nueva Castilla enrumbó a su pueblo natal, Trujillo, para reclutar a sus hermanos y paisanos, ilusionándolos con las fabulosas riquezas del Perú.

Representación del Sapa Inca, en Cusco, Perú.
Foto: Hans Hendriksen (Flickr).

EL MÁRTIR JOSÉ OLAYA

José Olaya Balandra. Dibujo: Antonio Torres.

El mártir José Olaya

José Olaya Balandra nació en Chorrillos, al sur de Lima, en 1782. Sus padres fueron don Apolinario Olaya y doña Melchora Balandra. Desde pequeño José Olaya estuvo vinculado a la pesca artesanal y la vida en el mar.

Cuando estalló la guerra de independencia contra España, José Olaya apoyó la causa de la libertad. La oportunidad para demostrarlo llegó en 1823, cuando los realistas recuperaron Lima y el gobierno patriota se refugió en la fortaleza del Real Felipe, en Callao. El pescador se convirtió en el enlace de los criollos patriotas de Lima y Callao, llevando mensajes y cartas de uno y otro lado.

Lamentablemente, fue descubierto por el general español Ramón Rodil, quien ordenó capturarlo y torturarlo, en junio de 1823. El patriota José Olaya no delató a nadie. El día 29 fue fusilado en la calle Petateros (hoy pasaje Olaya) del centro de Lima. Sus últimas palabras fueron: "Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por la patria".

El fusilamiento de José Olaya.
Dibujo: Antonio Torres.

IMÁGENES DE JOSÉ OLAYA

El 29 de junio de 1823 el pescador chorrillano José Olaya Balandra fue fusilado en Lima, por orden del general español Ramón Rodil. Lo descubrieron llevando mensajes entre los patriotas del Callao y Lima, cuando esta capital estaba tomada por los realistas. Pudo salvar su vida si delataba a los espías criollos independentistas, pero no lo hizo. En el paredón, sus últimas palabras fueron "Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por mi Patria".

Imágenes de José Olaya

Óleo de José Olaya exhibido en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú de Pueblo Libre. Foto: Arturo Gómez A.


Busto de José Olaya en el Panteón de los Próceres, en el Centro de Lima. Foto: Arturo Gómez A.

Monumento a José Olaya, en el pasaje que lleva su nombre, frente al Palacio de Gobierno. Foto: Arturo Gómez A.

José Olaya en un bajorrelieve en madera. Obra y foto: Fortunato César Burgos.

28/06/2010

IMÁGENES DE SEVILLA (ESPAÑA)

Sevilla es una de las ciudades más hermosas de España. Buena parte de su esplendor en los siglos XVI y XVII se deben a las riquezas que llegaron desde el Virreinato del Perú a su famoso puerto fluvial. Aquí desembarcó Francisco Pizarro a comienzos de 1529 para luego viajar a Toledo y pedirle al emperador Carlos V su respaldo para la Conquista del Tahuantinsuyo.

Imágenes de Sevilla (España)


La Catedral de Sevilla y su célebre torre La Giralda. Foto: Eszsara (Flickr).

La Torre del Oro y el río Guadalquivir. Al fondo, el Puente de Triana. Foto: Tiziviv (Foto).

El Archivo General de Indias. Foto: Chasingbirds (Flickr).

El Real Alcázar de Sevilla. Foto: González-Alba (Flickr).

La Capilla de San José en la Calle de las Sierpes. Foto: José Mazcona (Flickr).

27/06/2010

FRANCISCO PIZARRO EN LA CÁRCEL

Francisco Pizarro. Imagen: El Bibliómata (Flickr).

Francisco Pizarro en la cárcel

A fines de 1528, Francisco Pizarro viajó de Panamá a España como Procurador de la Compañía del Levante. Debía obtener un contrato con la Corona que le asegure la exclusividad de la conquista del Perú. Además, debía asegurar títulos y sueldos para sus socios y los "Trece de la Fama". Lo acompañaron el griego Pedro de Candia y cinco indígenas peruanos, siendo uno de ellos el famoso Felipillo.

Estuvo de paso en Santo Domingo, recorriendo con nostalgia sus plazas y calles después de casi 20 años de ausencia. A mediados de enero de 1529, llegó a Sevilla, sin saber que lo esperaba un antiguo enemigo de Santa María de la Antigua: Martín Fernández de Enciso. En 1512, Vasco Núñez de Balboa y Francisco Pizarro lo derrocaron, le confiscaron sus bienes y lo expulsaron. Regresando a España, el bachiller Enciso abrió un proceso judicial contra los cabecillas golpistas y sus complices. Balboa ya estaba muerto; Pedrarias lo había decapitado en 1519. A pocos días de desembarcar en Sevilla en 1529, Francisco Pizarro fue capturado y confinado en la Cárcel Real, situada en la céntrica Calle de las Sierpes.

Vista de Sevilla en el siglo XVI. Dibujo: Joris Hoefnagle.

Para poder salir debía devolverle a Enciso lo que le arrebataron en 1512, algo que era imposible para el extremeño que había llegado con recursos muy limitados. Al menos una semana Francisco Pizarro estuvo encarcelado, con el temor de ver derrumbados todos sus sueños de riqueza y gloria conquistando el Imperio de los Incas. Pero la suerte le volvió a sonreir cuando Pedro de Candia logró que los miembros de la Casa de Contratación de Sevilla se enteren de la importante gestión que debía hacer ante la Corona. El emperador Carlos V se interesó en el asunto, y el 6 de febrero de 1529 ordenó que lo liberen de inmediato y se le facilite llegar a la Corte lo más pronto posible. Agradeciendo a Dios y al Rey, el extremeño enrumbó hacia la ciudad de Toledo.

Patio y pileta de la Carcel Real de Sevilla en el siglo XVI.
Imagen: Alfonso Pozo Ruiz.

25/06/2010

PEDRO DE CANDIA EN TUMBES

Pedro de Candia en Tumbes (Perú). Imagen: El Bibliómata (Flickr).

Pedro de Candia en Tumbes

El soldado griego Pedro de Candia (1484-1542) había nacido en la isla de Creta, pero se formó como artillero en el ejército de Castilla. En 1526, llegó a Panamá acompañando al nuevo gobernador Pedro de los Ríos. De inmediato se enroló a la Conquista del Perú, acompañando a Diego de Almagro hasta el río San Juan, donde conoció a Francisco Pizarro. En el episodio de la Isla del Gallo, Pedro de Candia fue el primero en cruzar la famosa raya, por lo que se ganó la confianza del capitan español.

Playa Punta Sal, en Tumbes. Foto: Elier Berríos C. (Flickr).


Cuando la expedición llegó a Tumbes en diciembre de 1527, Pizarro le encargó a Pedro de Candia que ingrese a la ciudad indígena para confirmar las maravillas que había relatado el soldado Alonso de Molina. Candia, barbudo, alto y robusto, desembarcó con coraza, morrión, espada al cinto y arcabuz en la mano, lo que impresionó a los tumbesinos. Lo acompañaron los tres indígenas que había capturado el piloto Ruiz, quienes le contaron a Chilimasa, gobernador de la ciudad, del poder de fuego de arcabuz. El jefe indígena le pidió al griego que lo hiciera funcionar. Candia eligió un tablón y lo destrozó de un disparo. Luego el jefe indígena mandó soltar un jaguar y un puma para intimidar al barbudo, pero éste hizo otro disparo que auyentó inmediatamente a los felinos. Cada disparo hizo caer al suelo a muchos indígenas, quienes empezaron a creer que el visitante era hijo de Illapa, el dios del rayo en el Imperio de los Incas.

Cuando Pedro de Candia regresó al navío le contó a Francisco Pizarro de los bellos templos, palacios, jardines y estatuas de oro. Confirmó que el Templo del Sol tenía planchas de oro en sus paredes. No olvidó describir a las bellas mujeres del Acllahuasi, la casa de las Vírgenes del Sol, diciendo que "las más eran hermosas y todas muy amorosas". Estas noticias llenaron de júbilo a Pizarro, quien le pidió a Candia que viaje con él a España para que se lo cuente al Rey y el Consejo de Indias. En la Capitulación de Toledo de 1529 Pedro de Candia fue nombrado Artillero Mayor del Mar del Sur.

Mosaico en la Plaza de Armas de Tumbes. Foto: Piece of Eight (Flickr).

23/06/2010

EL FINAL DEL SEGUNDO VIAJE DE FRANCISCO PIZARRO

Francisco Pizarro navegando frente a Tumbes a fines de 1527.
Imagen: El Bibliómata (Flickr).


EL FINAL DEL SEGUNDO VIAJE DE FRANCISCO PIZARRO

Maravillados con Tumbes (Nueva Valencia) los españoles continuaron explorando más al sur. Durante su recorrido tocaron Paita y avistaron la Isla de Lobos. Cuando pasaron por Sechura, la curaca del lugar les obsequió muchos pescados y frutas. Doblaron la Punta de la Aguja y recorrieron el litoral de las regiones Lambayeque y La Libertad. Cuando pasaron por la playa de Huanchaco vieron Chan Chan, gran ciudad de barro de la Cultura Chimú. Para observarla por dentro bajó un marinero de apellido Bocanegra, quien al ser tratado con un semidios por los indios chímus decidió quedarse a vivir con ellos. Para obligarlo a retornar al barco fue enviado Juan de La Torre, quien no logró su cometido. Regresando a la nave La Torre describió la belleza y riqueza de la ciudad, una de principales de la costa tahuantinsuyana.

Pared e ídolo de Chan Chan, ciudad chimú conquistada por Túpac Yupanqui.
Foto: David Baggins (Flickr).


Continuando con su exploración, Pizarro llegó hasta la desembocadura del río Santa (región Ancash), donde decidió regresar a Panamá para organizar el tercer y definitivo viaje de la Conquista del Perú. Durante el tornaviaje los hispanos descansaron en Sechura y fueron agasajados por la curaca del lugar con canciones, danzas y regalos. Aquí los españoles escucharon atentamente las descripciones del poderío y riqueza del Tahuantinsuyo y su emperador Huayna Cápac.

Paisaje de Sechura, en la costa de Piura. Foto: Kokifiestas (Flickr).


Cuando pasaron por Paita los indios les obsequiaron bellos objetos de oro y plata. Aquí un marinero apellidado Ginés le pidio a Pizarro le permita quedarse, lo que fue aceptado para que aprenda la lengua del lugar y sea útil en el Tercer Viaje. Lo mismo pasó con Alonso de Molina, quien solicitó quedarse en Tumbes. Aquí los indígenas también obsequiaron algunas llamas, ropa fina y otras "cosas de la tierra". Pizarro también embarcó algunos muchachos indígenas para que aprendan el castellano y regresen como "lenguas".

Continuando el retorno a Centroamérica descansaron en la Punta de Santa Elena, Puerto Viejo y la Isla de la Gorgona. Por fin arribaron a Panamá en marzo de 1528, con la gran noticia del descubrimiento del fabuloso Imperio de los Incas.



Ubicación de la desembocadura del río Santa, cerca de Chimbote, en la costa norte del Perú. Hasta ahí exploró Pizarro en su Segundo Viaje.

21/06/2010

EL DESCUBRIMIENTO DEL PERÚ

Francisco Pizarro (1478-1541).
Imagen: El Bibliómata (Flickr).


EL DESCUBRIMIENTO DEL PERÚ

Dos meses estuvieron esperando en la Isla de la Gorgona Francisco Pizarro y doce de los "13 de la Fama". Por fin, en noviembre de 1527 apareció un navío con el piloto Bartolomé Ruiz, que traía como novedades la renuncia de Pedrarias a la Compañía del Levante y la autorización del gobernador Pedro de los Ríos para navegar cuatro meses más. De inmediato, Pizarro ordenó enrumbar hacia el sur confiando en descubrir por fin el reino fabuloso que tanto había soñado.

Isla Puná, en el Golfo de Guayaquil (Ecuador), cerca de Tumbes (Perú).
Foto: Gabriel Weber (Flickr).


Después de veinte días de navegación pasaron por la Isla de Santa Clara y poco después avistaron la Isla de Puná, ambas frente a Guayaquil, en Ecuador. Cerca de Puná se encontraron con una flota de balsas tumbesinas, cuyos tripulantes saludaron amistosamente a los hispanos. Por medio de indio Felipillo los españoles pidieron conocer Tumbes y los balseros los guiaron hacia sus playas. Era diciembre de 1527, y Francisco Pizarro llegó por primera vez al país que hoy llamamos Perú.

Puerto Pizarro, en Tumbes, norte del Perú. Foto: Adrian T (Flickr).

Los tumbesinos (de la etnia Tallán) acogieron bien a los barbudos, incluso les enviaron alimentos a su navío. Un noble de origen cusqueño llegó con los regalos y fue cortesmente recibido por Pizarro, quien escuchó su invitación para conversar con el apunchic (gobernador incaico) en la ciudad. Entonces, el jefe español envió al soldado Alonso de Molina y un esclavo guineo con regalos (un puerco, un gallo y cuatro gallinas) para el representante del Sapa Inca (Huayna Cápac) en la región. El apunchic y sus yanaconas (servidores) se sorprendieron con los cantos del gallo y, sobre todo, con el color de africano, a quien llevaron agua para que se pueda lavar y clarificar. Al regresar al barco, Molina describió lo hermosa, ordenada y rica que era la ciudad de Tumbes. Tenía grandes palacios, templos, depósitos y viviendas de piedra, con preciosos jardines irrigados por muchos canales. Además, su gente llevaba bellos adornos de oro y plata. Pizarro, incrédulo envió al griego Pedro de Candia, quien confirmó las maravillas que había relatado su compañero. Entonces, el capitán extremeño agradeció a Dios por el hallazgo y levó anclas para seguir explorando la costa norte del rico Tahuantinsuyo, el Imperio de los Incas. (Continuará)


Ubicación geográfica de Tumbes, en el noroeste del Perú.

19/06/2010

EL SEGUNDO VIAJE DE FRANCISCO PIZARRO (CONTINUACIÓN)

Francisco Pizarro en una pintura del peruano Daniel Hernández.


EL SEGUNDO VIAJE DE FRANCISCO PIZARRO

(Continuación)

En la entrada sobre el inicio del Segundo Viaje nos quedamos en que, estando en el río San Juan, Francisco Pizarro envió a Diego de Almagro por refuerzos a Panamá, y a Bartolomé Ruiz para explorar más al sur. Era setiembre de 1526, cuando Almagro llegó a Panamá y supo que había un nuevo gobernador. Se trataba del cordobés Pedro de los Ríos, quien mantuvo la licencia de la Compañía del Levante, lo que le permitió a Almagro reclutar 40 soldados, juntar provisiones y embarcarse hacia el río San Juan en enero de 1827.

Mientras tanto, el piloto Bartolomé Ruiz descubrió la Isla del Gallo, la Bahía de San Mateo y el litoral de Coaque. Al cruzar la línea ecuatorial se encontró con una gran balsa tripulada por indígenas comerciantes de Tumbes, ciudad del Imperio de los Incas. Los indios tenían hermosos vestidos y llevaban variadas mercancías, como ropas, cántaros y piedras preciosas. Los españoles lograron capturar a tres de los nativos, para convertirlos en “lenguas” o traductores. Uno de ellos era el hoy famoso “Felipillo”. Ruiz ordenó el retorno hacia el río San Juan.

Balsa de los comerciantes tumbesinos encontrada por el piloto Bartolomé Ruiz.
Infografía: Diario El Comercio.



En la desembocadura del río San Juan, Almagro y Ruiz se reunieron con Francisco Pizarro, quien ordenó zarpar con rumbo a la Isla del Gallo. De aquí pasaron a la boca del río Santiago, para después pasar a la bahía de San Mateo. Desembarcaron y empezaron explorar en su interior. Era comienzos de mayo de 1827 cuando llegaron a un gran pueblo indígena de más de mil viviendas, que los cronistas llaman Atacámes (en el noroeste de Ecuador). Cuando caminaban hacia la plaza, los hispanos fueron atacados por tres mil indios, pero se salvaron por los disparos de arcabuz que pusieron en fuga a los nativos. Al capturar el pueblo, saquearon sus depósitos de alimentos y poco después retornaron hacia la costa, para luego regresar a la Isla del Gallo (suroeste de Colombia).

Vista del río Esmeraldas, cerca de Atacames, Ecuador.
Foto: EsmeraldasBlog (Flickr).


Estando en la Isla del Gallo se agotaron las provisiones y los soldados cansados y descontentos comenzaron a pedir el retorno a Panamá. Para tranquilizarlos, Pizarro envió a Almagro por comida y refuerzos. Aprovechó para enviar regalos al gobernador Pedro de los Ríos y su esposa. El soldado apellidado Saravia logró colocar entre los regalos un papel con una copla que decía: “A Señor Gobernador, miradlo bien por entero, allá va el recogedor y acá queda el carnicero”. Al leerlo, el Gobernador presumió el sufrimiento de los soldados y envió un barco con Juan de Tafur para recogerlos.

Era agosto de 1527 cuando Tafur llegó a la Isla del Gallo. Al desembarcar informó su misión, causando infinita alegría en la mayoría de los 90 hambrientos soldados. Pero Pizarro se puso muy triste, y antes de que todos se embarquen les habló de las riquezas fabulosas que los esperaban más al sur y de la miseria que les aguardaba en Panamá. Entonces sacó su espada y trazó una raya en la arena planteando la disyuntiva: "Al norte, a Panamá, a ser pobres; o al sur, al Perú, para ser ricos". Él cruzó la línea y solo lo siguieron 13 ambiciosos y valientes cristianos. Para el resto la pesadilla había terminado y respiraban aliviados. Tafur ofreció a Pizarro y los “Trece de la Fama” trasladarlos a un lugar más seguro y los llevó a la pequeña Isla de la Gorgona. Aquí vivieron dos meses, entre boas y mosquitos, hasta que por fin apareció un barco con Diego de Almagro y los refuerzos que tanto estaban esperando. (Continuará)

Solo 13 valientes decidieron continuar en la Conquista del Perú.
Pintura: Juan Lepiani.

17/06/2010

EL REINADO DE ATAHUALPA

Atahualpa en un dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala.

El reinado de Atahualpa

Atahualpa fue hijo de Huayna Cápac y Tocto Coca, nieta del Inca Pachacútec. Nació en el Cusco, pero desde niño residió en Tumibamba (Ecuador), acompañando a su padre en las campañas del norte. Siendo joven mostró valentía , inteligencia y carisma, por lo que fue uno de los hijos predilectos del Sapan Inca; muy querido, además, por la nobleza norteña y los principales generales de la región.

Cuando murieron Huayna Cápac y su sucesor Ninan Coyuchi, en 1528, el Willac Umu, gran sacerdote del Sol, entregó la mascaypacha roja a Huáscar, considerando que era hijo de coya o mujer principal. Atahualpa aceptó tal decisión, y sólo pidió ser designado como Inca Rantin, es decir su representante del Sapa Inca en Tumibamba.

Ruinas de un palacio incaico en Ingapirca, Ecuador.
Foto: Unstruc (Flickr).


En 1529, el Sapa Inca Huáscar descubrió la conspiración de su hermano Cusi Atauchi, y le dio muerte junto a sus complices. Los orejones ejecutados eran miembros de la saya Hanan Cusco, bando que se distanció del Sapa Inca y siguió conspirando para derrocarlo. Huáscar, quería eliminar a sus hermanos sospechosos, y exigió la presencia de todos en el Cusco. Los nobles y generales de Tumibamba aconsejaron a Atahualpa no asistir, pues su vida corría peligro. Entonces Atahualpa envío sus representantes, justificando su ausencia y jurando obediencia al Sapa Inca. Huáscar mandó matarlos, y creyó confirmar la rebeldía de su medio hermano.

La nobleza incaica de Tumibamba, Ingapirca y Quito convenció a Atahualpa que la única salida era la guerra total contra Huáscar. Se preparó un gran ejército dirigido por los generales Quisquis, Calcuchímac y Rumiñahui, y se realizó una gran ceremonia para colocarle una mascaypacha roja, encumbrándolo como nuevo Sapa Inca del Tahuantinsuyo. La guerra estaba declarada y traería funestas consecuencias.

Representación de un Sapa Inca en Sacsayhuamán, Cusco, Perú.
Foto: Sergio Pessolano (Flickr).


Después de algunas derrotas iniciales, los atahualpistas comenzaron un incontenible avance hacia el Cusco, dirigidos por Quisquis y Calcuchímac. La batalla decisiva se realizó en el paraje de Chontacaxas (Apurímac, Perú), donde tomaron prisionero a Huáscar. Las tropas vencedoras entraron al Cusco y dieron cruel muerte a casi todos sus partidarios, mujeres e hijos. Huáscar fue torturado y obligado a presenciar los horrendos crímenes. Luego fue llevado semidesnudo rumbo a Cajamarca, para comparecer ante Atahualpa. En el camino, el general Quisquis lo degolló y arrojó al río Negromayo (Ayacucho), por orden de Atahualpa.

Representación de la muerte de Huáscar, en Lucanas, Ayacucho.
Foto: Hugo Ballenas.

El nuevo Sapa Inca, Atahualpa, en la llaqta de Cajamarca, celebraba las contundentes victorias de sus tropas en el sur. Considerándose invencible, en noviembre de 1532 permitió que unos extranjeros barbudos, los españoles, ingresen a la sierra norte y lleguen a Cajamarca. En los baños de Pultumarca recibió a Hernando Pizarro y le prometió asistir a una entrevista con su hermano Francisco Pizarro.

El 16 de noviembre de 1532, el Sapa Inca asistió a la plaza de Cajamarca, acompañado por un cortejo de 6 mil personas, de los cuales sólo 200 eran guerreros. Al atardecer de aquel día, en la plaza, el sacerdote español Vicente Valverde le exigió a Atahualpa su conversión a la religión católica y su sometimiento a la autoridad del Rey de España. Atahualpa rechazó aquel "requerimiento", por lo que las fuerzas invasoras atacaron sorpresivamente con armas de fuego, caballos y espadas. Ocurrió una horrenda masacre que ocasionó al menos 3000 muertos. El Sapa Inca fue llevado a un aposento llamado Amaruhuasi, donde soportaría un cautiverio de ocho meses.

Atahualpa fue llevado al Amaruhuasi, hoy conocido como "El Cuarto del Rescate".

Dibujo: Miguel Ángel Yzaguirre.


Con la esperanza de salvar su vida y recuperar su libertad, Atahualpa ofreció llenar el Amaruhuasi con objetos de oro, y dos habitaciones con estatuas de plata. Después de repartirse el botín, los españoles armaron una farsa judicial y lo sentencia a morir en la hoguera. Antes de ser quemado vivo, el 26 de julio de 1533, Atahualpa aceptó bautizarse para que le cambien la pena. El fraile Vicente Valverde lo bautizó en el acto con el nombre de Francisco. Luego de la ceremonia el Sapa Inca fue estrangulado con un garrote vil. Su cuerpo enterrado en la capilla de Cajamarca, pero una noche los indígenas se llevaron su cuerpo y lo escondieron en un lugar hasta hoy desconocido.


La muerte de Atahualpa en un dibujo de la obra La Conquista del Perú de William Prescott.

15/06/2010

EL REINADO DE HUÁSCAR

Huáscar prisionero de los generales atahualpistas Quisquis y Calcuchímac.
Dibujo: Guaman Poma de Ayala.


El reinado de Huáscar


Cuando en 1528 llegó la noticia al Cusco de las muertes de Huayna Capac y el príncipe Ninan Coyuchi, el Willac Umu, máximo sacerdote del Tahuantinsuyo, colocó la mascaypacha roja a Topa Cusi Huallpa, llamado también Huascar. El nuevo Sapa Inca era hijo de Huayna Cápac y Raura Ocllo, nació en Huascarpata, al sur del Cusco, y tenía experiencia administrativa por haber ejercido como Incap Rantin o sustituto de su padre, mientras éste residía en Tumibamba.

A pocos meses de asumir el gobierno, Huáscar descubrió una vasta conspiración donde estaban implicados varios de sus hermanos que querían encumbrar a Cusi Atauchi, muy estimado en el Cusco. La furia del Inca fue implacable, mandó degollar a todos los conjurados entre los que se encontraban prestigiosos orejones de importantes panacas o ayllus reales, principalmente de la saya Hanan Cusco. Para sentirse seguro Huáscar se alejó de la nobleza cusqueña y se rodeó de nobles advenedizos, lo que ofendió gravemente el orgullo de los cusqueños.

Aucarunas o soldados incas en Sacsayhuaman. Foto: Hans Hendriksen (Flickr).


La situación se agravó cuando anunció que enterraría las mallquis o momias de los incas y confiscaría las ricas propiedades de las panacas. El ambiente de descontento acrecentó la posibilidades de una gran rebelión: Huáscar tenía muchos hermanos en diversas regiones y algunos eran sospechosos de haber apoyado a Cusi Atauchi o de preparar una nueva sublevación. Para eliminar a los hermanos rivales Huáscar los convocó a la capital para la gran ceremonia de recepción de la mallqui o momia de su padre Huayna Cápac, que llegaba desde Quito.

El auqui o príncipe Atahualpa, por consejo de nobles y generales de Tumibamaba no viajó al Cusco, sólo envió una delegación argumentando que estaba en campaña contra ciertas tribus rebeldes del extremo norte. Huáscar humilló y dio muerte a la embajada de Atahualpa ordenando su inmediata presencia en el Cusco. Nuevamente su hermano envió un grupo de nobles con regalos y mensajes de sometimiento a su autoridad; el Sapa Inca enfurecido los mató y envió ropas femeninas para Atahualpa; esto era humillación y sentencia de muerte. El cronista Juan de Betanzos cuenta que Huáscar prometió ejecutar a su hermano por conspirador y exigió que se le considere de la saya Hurin Cusco y nunca más de Hanan Cusco, bando que apoyó a Cusi Atauchi, y ahora simpatizaba con Atahualpa.

Atahualpa era medio hermano de Huáscar y uno de los hijos predilectos de Huayna Cápac. Desde niño vivió en Quito y Tumibamba, por lo que era muy apreciado por los orejones del norte, los grandes generales y los señores cayambis y caranquis del Ecuador. Precisamente fueron sus parientes y partidarios quienes le aconsejaron no viajar al Cusco y más bien prepararse para la guerra y la toma del poder.

Huascaristas y atahualpistas se enfrentaron en quince sanguinarias batallas. Dibujo: Juan Carlos Silva.

Una vez declarada la guerra, Huascar envió al general Átoc, quien avanzó rápidamente al norte y ganó la batalla de Mocha , pero fue derrotado, capturado y decapitado en la batalla de Ambato. Su cráneo fue revestido de oro y utilizado como vaso trofeo por Atahualpa. El Sapa Inca envió un nuevo ejército encabezado por Huanca Auqui quien fue derrotado en Tumibamba y Mullituro. El príncipe rebelde, Atahualpa, contaba con decenas de miles de soldados veteranos de las campañas del norte y con experimentados generales que le permitieron avanzar hasta Huamachuco. Desde allí envió a Quisquis y Calcuchimac para la campaña final en el centro y sur con el objetivo de destruir a los huascaristas y tomar el Cusco.

Ante la grave emergencia el mismo Huáscar dirigió sus tropas y logró victorias como las de Tahuaray y Cotabambas, sin embargo perdió la decisiva batalla de Chontacaxas; más aún, fue tumbado de su litera y tomado prisionero por el bravo general Quisquis. Los vencedores ingresaron al Cusco y dieron horrible muerte los partidarios y familiares de Huáscar, incluyendo mujeres embarazadas y niños que fueron colgados desnudos y desviscerados en su presencia.

Huáscar fue humillado, torturado y llevado semidesnudo rumbo a Cajamarca, ciudad a la que no llegó, pues fue degollado en Andamarca (tierra de los lucanas, en Ayacucho), y sus restos arrojados al río Negromayo. Atahualpa, quien ya era prisionero de los españoles, ordenó su muerte a comienzos de 1533, temeroso de que Francisco Pizarro lo libere y devuelva el poder.

Los atahualpistas arrojaron en cuerpo de Huáscar al río Negromayo, en Ayacucho. Imagen: El Bibliómata (Flickr).

12/06/2010

EL REINADO DE HUAYNA CÁPAC

Huayna Cápac, reinó durante el apogeo del Tahuantinsuyo.
Dibujo: Guaman Poma de Ayala.


El reinado de Huayna Cápac

Huayna Cápac
nació en Tumibamba o Tomebamba (Cuenca, Ecuador) hacia 1480, siendo hijo del Sapa Inca Túpac Yupanqui y la Coya Mama Ocllo. Su nombre original fue Tito Cusi Huallpa. Cuando su progenitor fue asesinado, Huayna Cápac era todavía niño y su vida corrió grave peligro por la conspiración de Chuqui Ocllo y Cápac Huari; sin embargo el noble general Huamán Achachi protegió al pequeño heredero y logró ajusticiar a los sediciosos.

Templo del Sol de Ingapirca, cerca de Tumibamba, en Ecuador.
Foto: Patomena (Flickr).


Como Huayna Cápac aún no podía asumir el poder, los orejones nombraron un Inca Rantin (regente o sustituto) para que gobierne provisionalmente; este cargo de confianza recayó en Apo Huallpaya. Lamentablemente este orejón fue descubierto en una confabulación traidora por lo que fue capturado y ejecutado por Huamán Achachi, Suyuyuc Apu del Chinchaysuyo.

Después de aprobar el huarachico (rito de iniciación viril), Huayna Cápac recibió la mascaypacha roja, máximo símbolo del poder incaico. Su gobierno se concentró en los esfuerzos por consolidar el dominio inca en todas las regiones del imperio. En ese sentido, realizó diversas campañas para debelar las rebeliones que provocaron muchos curacas regionales. En el Chinchaysuyo dirigió personalmente la represión a los huancas, cañaris, huancavilcas, chonos y punaeños. También aplastó la rebelión de los Chachapoyas y en el extremo norte anexó hasta el río Ancasmayo, en tierras de los pastos de Colombia. Con esto alcanzó los máximos límites que tuvo el Tahuantinsuyo. Teniendo como base de operaciones a la llaqta de Tumibamaba, dirigió campañas contra los tallanes, tumpis, cayambes y carangues. Al enterarse de otras rebeliones en el Collasuyo envió a su general Yasca para debelarlas y hacer construir fortalezas en la frontera con los belicosos chiriguanas (guaranies).

Huayna Cápac culminó la construcción del templo de Sacsayhuaman, en Cusco, Perú. Foto: Jvumn (Flickr).

Este inca puso especial interés en fortalecer la presencia inca en el norte, por lo que engrandeció Tumibamba, Ingapirca y Quito, llevó mitimaes cusqueños de alto rango, y mantuvo un gran ejército en la región con sus fieles generales Quis Quis, Calcuchímac y Rumiñahui. También amplió el capac ñan o red vial, y se preocupó por mantener con buenas reservas todas las colcas y tambos del imperio. Las crónicas le atribuyen la implantación del sistema de pinacuna o piñas, conviertiendo en “esclavos” a ciertos grupos rebeldes para enviarlos a los duros trabajos en los cocales de la selva alta.

En 1527, mientras residía en Tumibamba, Huayna Cápac escuchó noticias de la presencia de individuos con grandes barbas y extraños vestidos que llegaban por el mar navegando en gigantes “casas de madera” . Se trataba de los españoles que venían en el segundo viaje de Francisco Pizarro. El Inca pidió más noticias sobre ellos, pero los barbudos de pronto dejaron de ser vistos.

En el reinado de Huayna Cápac los españoles fueron vistos en la costa norte del Tahuantinsuyo. Dibujo: Guaman Poma de Ayala.

En la ciudad del Cusco ejercía como Incap Rantin su hijo Topa Cusi Huallpa (Huáscar), el que también había sido elegido como el Hatun Auqui (príncipe sucesor) oficial. Sin embargo, cuando el Sapan Inca estaba por morir, al parecer por una viruela, cambió su decisión nombrando como nuevo sucesor a su hijo Ninan Coyuchi, quien falleció por la misma enfermedad sin haber asumido el mando. Poco después estalló la guerra por el poder entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. Los descendientes de Huayna Cápac formaron la panaca o ayllu real llamado Tumipampa Panaca.