30 abr. 2011

ANTECEDENTES DE LA REBELIÓN DE FRANCISCO DE ZELA

Francisco de Zela en un friso de la Plaza San Martín de Lima.
Foto: Arturo Gómez.

Antecedentes de la Rebelión de Francisco de Zela

1. La caída del gobierno español en Buenos Aires: El 25 de mayo de 1810 un grupo de criollos argentinos derrocó a Baltasar Hidalgo de Cisneros, el Virrey del Río de la Plata. El hecho que desencadenó la revolución fue que en España había caído la Junta Central y se había instalado el Consejo de Regencia, un organismo ilegítimo, creado sin participación de las colonias. El mismo día los rebeldes formaron una Junta de Gobierno encabezada por don Cornelio Saavedra. Aunque los juntistas decían reconocer como Rey a Fernando VII de España -quien estaba prisionero de Napoleón-, en la práctica actuaron como un gobierno independiente, derivando rápidamente a posiciones claramente separatistas.

2. La guerra en el Alto Perú: Este territorio (actual Bolivia) pertenecía al Virreinato del Río de la Plata desde 1776, pero sus autoridades coloniales desconocieron a la Junta de Buenos Aires y se prepararon para la resistencia, siendo reforzados por tropas enviadas desde el Virreinato del Perú. Para someterlos, la Junta bonaerense envió a su Ejército del Norte, que al mando de José Castelli venció a los realistas y llegó hasta La Paz, muy cerca del Lago Titicaca. Desde ahí Castelli envió emisarios rumbo a varias ciudades peruanas (Puno, Cusco, Arequipa y Tacna) incitándo a los criollos a sublevarse contra el virrey Fernando de Abascal. Asímismo, anunciaba que pronto cruzaría las fronteras para auxiliar con sus tropas a los pueblos levantados. En Tacna su llamado fue escuchado por don Francisco de Zela.

3. La situación en el Virreinato del Perú: Desde la derrota de Túpac Amaru II en 1781 pasaron 30 años sin que surgiera un nuevo líder peruano que subleve a sus compatriotas contra el poder español. Algunas conspiraciones como las de Gabriel Aguilar (Cusco, 1805) y Mateo Silva (Lima, 1809) fueron rápidamente descubiertas y reprimidas por las autoridades virreinales. Desde 1806 gobernaba el virrey Abascal, hombre sagaz y autoritario, que contaba con el apoyo de la aristocracia criolla limeña y las élites regionales. Esto le sirvió para apagar de inmediato cualquier chispa revolucionaria que surgiera en suelo peruano, e incluso para enviar poderosas tropas que acabarían con las juntas rebeldes de Quito, Santiago de Chile y La Paz. Continúa aquí